Docentes de las Fuerzas Armadas: los fantasmas del sistema público

En el Estado Nacional hay un conjunto de docentes que cobra salarios que no alcanzan la canasta básica alimentaria y que se encuentran fuera de la negociación colectiva de sus pares de provincia y ciudad. Invisibilizados por su dispersión a lo largo y ancho de todo el país, y por trabajar en las Fuerzas Armadas, estos trabajadores de la educación se llevan siempre la peor parte de las paritarias estatales.

El martes 29 de septiembre UPCN firmó un 7% de paritarias hasta diciembre, donde se realizará la próxima reunión para negociar la recomposición salarial. Como es de público conocimiento, desde el gobierno de Mauricio Macri, las paritarias fueron siempre a la baja y los trabajadores estatales perdieron alrededor del 60% de su poder adquisitivo. Sin embargo, detrás de todo esto hay un problema más que parece invisible: los docentes de las Fuerzas Armadas. Estos docentes, que no están incluidos en la discusión paritaria del ministerio de Educación, cobran un salario que, dependiendo de la zona de trabajo (hay liceos e institutos educativos a lo largo del todo el país) es entre un 50 y un 120 por ciento inferior a los docentes que discuten sus paritarias regularmente.

Los docentes de las Fuerzas Armadas son poco más de 4 mil a lo largo del todo el país, y trabajan tanto en liceos como en secundarias, jardines y primarias dependientes del ministerio de Defensa. Al pertenecer al ministerio de Defensa son reconocidos como “personal civil de las Fuerzas Armadas”, por lo que sus paritarias son discutidas en el ámbito del convenio colectivo de trabajo de los empleados públicos con la representación ATE y UPCN, es decir que no tienen un convenio colectivo de trabajo propio y específico acorde a las tareas que desempeñan. Su salario no sólo es inferior al de sus colegas de otras escuelas de carácter público o privado que se encuentran bajo los regímenes provinciales o de la Ciudad de Buenos Aires, sino que también tienen un índice de precariedad laboral que alcanza el 80 por ciento, dependiendo del instituto. Esto implica que la mayor parte del plantel docente se encuentra trabajando como “suplente de cargo vacante” durante décadas sin posibilidad de titularizar.

Este es un ejemplo de un recibo de una maestra que lleva 12 años trabajando en las FFAA como docente en condición “SUPLENTE”. Su sueldo tiene un 10% extra en concepto de “Zona”, ya que trabaja en una provincia del norte. Eso implica que cobra un 10% más que un docente de las FFAA que reside en la Ciudad de Buenos Aires. Aún así, esta trabajadora cobra $25,485.33, frente a los $35.677,60 que indica la grilla salarial de UTE vigente desde Marzo 2020 para los docentes de CABA. Más de $10.000 pesos de diferencia. A esto se suma, en muchos casos, problemas de liquidación salarial por parte de las distintas Fuerzas, en la que los docentes de Armada y Ejército se ven particularmente perjudicados. Esos problemas de liquidación implican un 20% menos sobre el salario básico.

Esta quimera de la educación posee casi todos los problemas del sector sin ninguno de sus beneficios. Las autoridades militares ejercen el poder de forma despótica, con designaciones a dedo y con el rechazo total a la legislación laboral vigente. Aunque la ley marco del empleo público nacional señala un plazo para la titularización y paso a planta del trabajador, hay profesores de distintos niveles que ejercen como docentes de cargo vacante hace 20 años. Pero eso no es todo. Las solicitudes de titularizaciones deben ser elevadas por las autoridades de cada liceo o instituto educativo, pero los directores, todos militares, hacen oídos sordos a los pedidos o sostienen con silencio cómplice la denegación de esos cargos solicitados a la Dirección General de Educación de las FFAA.

El uso de la precariedad laboral como estrategia de coerción para evitar las protestas de los docentes es moneda corriente. Cada año los suplentes deben renovar sus horas. Como si fuera un contrato temporal, su servicio concluye a fines de marzo y deben vivir con la incertidumbre de no saber si este año tendrá menos horas asignada o siquiera los mismos cursos.

 A diferencia de otros sectores del sistema de empleo público nacional, los docentes de las FFAA no cobran presentismo y su salario se mide en “horas cátedra” o “módulos”, como el resto de los docentes del sistema educativo. Esto implica que la situación de los docentes de las FFAA vulnera no sólo el cumplimiento del artículo 14bis (a igual trabajo igual remuneración), sino que también los deja en clara desventaja respecto del resto de los trabajadores del sector público.

Mientras el gobierno realizó el blanqueo del salario de los militares y accedió a pagar los juicios pendientes de oficiales retirados, movida que costará alrededor de 70 mil millones de pesos anuales, los docentes, cuyo problema salarial se solucionaría con menos de una décima parte de ese presupuesto, se ven a la espera de un milagro para intentar llegar a fin de mes. El ministerio de Defensa ha ignorado los diversos reclamos o ha tomado la posición de tomar medidas dilatorias a través de reuniones que no concluyen en ninguna medida concreta, lo que demuestra la falta de voluntad política del ministro Agustín Rossi y su gabinete.

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