El día que la Guerra Fría llegó a la salud pública

El estado de emergencia hace que todos los laboratorios y los gobiernos trabajen a contrarreloj. Si bien las gestiones de pandemia son muy diversas, todos los países quieren acceder a la solución cuanto antes y así ver menos afectada su economía y a su población. Es por esto que el Estado argentino abrió las negociaciones con los proveedores de las distintas vacunas. En diálogo con Gustavo Sylvestre, Carla Vizzotti explicó que se trata de contratos “a riesgo”, es decir, todo está sujeto a los resultados que demuestren en las etapas finales, pudiendo no llegar a comercializarse, incluso.

Para tranquilidad del público presente, todas las vacunas que analiza adquirir el gobierno nacional se encuentran en fase 3 y no serán comercializadas hasta que se recabe toda la información necesaria para ser aprobadas. Según nuestra legislación, la encargada de aprobar dichas vacunas es la ANMAT, que recibe día a día data de los distintos avances y, según destacó Vizzotti, “tiene la suficiente fuerza y jerarquía técnica para evaluar estas vacunas de acuerdo a los estándares internacionales”. La funcionaria también explicó que “se están dando todos los pasos para acelerar todo el proceso de aprobación y contar con las vacunas lo antes posible, pero sin saltar ningún paso”.

Carla Vizzotti

AstraZeneca, Pfizer, y “la vacuna rusa”, que aunque tenga nombre propio, así es como se la conoce popularmente. Un gentilicio que le es adjudicado casi despectivamente por los medios de comunicación, que desde hace meses se empeñan en desinformar. La mala fama que se le adjudica es que no fue lo suficientemente probada o que contó con pocos sujetos de prueba, información que se desmiente por revistas científicas de gran prestigio como The Lancet, aunque algunos periodistas parecen no estar enterados.

Una periodista de TN le preguntó a Carla Vizzotti por qué “desde el sentido común” hay personas que creen que la vacuna Sputnik V es menos confiable que la de Oxford. “Te pasa eso porque lo escuchás en todos los medios” acusó la Secretaria de Acceso a la Salud. Y tiene razón: incluso antes de que se conociera el viaje de la funcionaria a Rusia, en nuestros medios ya abundaba desinformación sobre dicha vacuna (y esta creció exponencialmente con el anuncio de Alberto Fernández).

En más de una ocasión, Carla Vizzotti aseguró que la vacuna contra el covid-19 -cualquiera fuera la que adquiriera el Estado- no iba a ser obligatoria. Aún así, durante días, tanto periodistas como figuras públicas se dedicaron a afirmar lo contrario y las redes estallaron con el hashtag #YoNoMeVacuno.

Como si el movimiento antivacunas no fuera suficiente, también hay que lidiar con quienes se niegan a ciertas vacunas por cuestiones ideológicas. Ya sea porque proviene del país de Putin, aliado de Cristina, o porque quieren sabotear un anuncio que, por ahora, pareciera ser un acierto del gobierno, hay quienes están dispuestos a poner en juego su salud -y la salud de los argentinos- por revivir una Guerra Fría que tiene décadas de caducada.

De no ser así, ¿por qué Israel, bajo la órbita de la derecha, recurriría a Putin por vacunas? Que Jerusalem Post anunciara que Centro Médico Hadassah firmara un entendimiento por 1,5 millones de dosis, con posibilidad de extenderse hasta 3 millones, derriba cualquier tipo de conspiración geopolítica.

No me detendré en desmentir fake news una por una, ni pienso justificar por qué sería segura la Sputnik V (con la debida aprobación de ANMAT, claro). Para ello, recomiendo el canal de Telegram de Inna Afinogenova, periodista rusa que es una de los 40.000 voluntarios que tiene la vacuna en su tercera fase.

Lo que yo me pregunto es ¿por qué los periodistas, quienes tienen como profesión el informar a la población, comparten mentiras o teorías conspirativas? ¿Es mala intención o muy mal desempeño profesional? ¿Qué intereses tienen quienes se empeñan en desinformar?

Las personas tienen derecho a acceder a información veraz. Los y las periodistas tienen el rol de proveerla de buena fe y con responsabilidad. Entonces, ¿por qué militan contra una medida que sería la solución a una pandemia sin precedentes?

Pesa más la operación contra el gobierno de turno que el ejercicio ético y responsable de la profesión.

Pareciera ser que, para algunos colegas, pesa más la operación contra el gobierno de turno que el ejercicio ético y responsable de la profesión. Aquellos que primero militaron levantar el aislamiento y, cumplido su cometido, se enojan por el aumento del contagio (y, en consecuencia, de fallecidos), son quienes se dedican a criticar cualquier medida tomada en la gestión de la pandemia, aun cuando funcionarios de la oposición las consideren acertadas. Con el fin de desestabilizar a un gobierno que no es de su agrado, desgastan, desmoralizan, vuelven irascible a la población, aunque así pongan en juego nuestra salud pública.

Antonella Bartolozzi

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