El sacerdote Miguel Espíndola atropelló con su camioneta a tres jóvenes que circulaban en dos motos en la intersección de la ruta 1 y la avenida Señora de la Consolación, en la ciudad de Sumampa, en Santiago del Estero, y escapó.
Cuando horas más tarde fue identificado dio una insólita explicación del accidente: aseguró que no advirtió el choque porque iba escuchando música con volumen alto.
El cura fue localizado por las autoridades a casi 100 kilómetros del hecho, en la localidad de Pinto, horas después del accidente que protagonizó el lunes por la noche.
Según lo que relató el padre de uno de los jóvenes, este grupo de amigos volvía a la ciudad después de jugar un partido de pádel y decidió pasar a visitar a un amigo que se encontraba enfermo.
Los chicos fueron sorprendidos por una camioneta blanca que tenía un rosario en la caja, según lo que describió Cristian Galván, padre de Jeremías, una de las víctimas. El vehículo los embistió y, como consecuencia del impacto, los motociclistas terminaron sobre el pavimento.
Los jóvenes quedaron conscientes, aunque sufrieron golpes, heridas y distintas lesiones.
El grupo estaba compuesto por un adolescente de 15 años, que manejaba una Honda Wave 110 cc junto a una amiga, y otro joven que se trasladaba en otra moto.
