Murió Carlos Alonso

El pintor argentino Carlos Alonso murió a los 97 años, anunció su familia en redes sociales, tras una trayectoria marcada por el expresionismo, la memoria de la dictadura, el exilio y la desaparición de su hija Paloma.

Tras el fallecimiento de Julio Le Parc y, hace apenas unos meses, de Juan Carlos Distéfano, con la partida de Alonso se nos va el último gran pintor argentino, que atravesó gran parte de los vaivenes políticos del siglo XX, que vio nacer y morir utopías. Se cierra así, tristemente, una mirada del mundo desde el arte, un episodio de la memoria nacional.
Murió Carlos Alonso, en su casa de Unquillo, Córdoba, donde se había mudado porque el clima y, especialmente, por la luz del sol sobre los cerros le ayudaban a pintar mejor, donde ayudó a fundar esa rara avis que es el Museo De Arte Contemporaneo Unquillo, donde -justamente- tuvo su última muestra en 2025.
En su producción abordó la pobreza, la violencia y las emergencias sociales y políticas del país. Fue un artista que enfrentó a la maquinaria de la dictadura desde el arte, que debió marchar al exilio y que vivió el dolor de la pérdida cuando su hija Paloma, en 1977, fue detenida y desaparecida, evento que produjo un cambió muy profundo en su plástica.

Nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, volvió a Argentina en 1980 y se instaló en Unquillo, Córdoba, después de vivir en Roma con su esposa e hijo.
El artista recibió el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires presentó la exposición Carlos Alonso. Pintura y tradición, dedicada a revisar su obra y sus vínculos con la tradición pictórica.
Alonso inició su formación en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde estudió con Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se mudó a Tucumán para incorporarse al grupo de Spilimbergo en la universidad local.

Una exposición en Buenos Aires le permitió viajar a Europa en 1953. Allí entró en contacto con las obras de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, referencias que influyeron en su estilo y su mirada artística, y a quienes homenajeó un múltiples pinturas.
En 1957 obtuvo el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra. La primera parte de la novela había sido ilustrada por Salvador Dalí.
En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de La Divina Comedia, de Dante Alighieri, serie que se presentó en el Bellas Artes en 2021. Al año siguiente comenzó la icónica serie Lección de anatomía, inspirada en una obra de Rembrandt y dedicada, entre otros temas, a la ejecución del Che Guevara, donde comienza a revelar su mirada sobre lo político.













