Una jubilada se prendió fuego en la vereda: no tenía para comer y le iban a cortar la luz y el gas

Una jubilada de 79 años murió después de intentar quitarse la vida frente a un estudio jurídico de Trenque Lauquen, al que concurría habitualmente en busca de ayuda.
Antes del episodio pidió que cuidaran a su perro, su única compañía. Durante esa semana le habían cortado el gas por falta de pago, era frecuente que se quedara sin electricidad y el día anterior no había tenido dinero para comprar comida.
Trabajadores de la construcción que se encontraban en la cuadra intentaron auxiliarla y fue trasladada con graves heridas al Instituto del Quemado, donde murió después de cuatro días de internación.
Mónica Estévez, abogada y exdiputada provincial que mantenía contacto frecuente con la mujer, relató que la jubilada acudía casi todos los días a su estudio para pedir ayuda con alimentos o con el pago de las facturas. Según su testimonio, en las últimas semanas la situación se había deteriorado al punto de que la mujer le había manifestado que ya no quería seguir viviendo de esa manera.
Su identidad se mantuvo en reserva a pedido de las personas que la asistieron. Era ama de casa, había enviudado años atrás y luego había sufrido la muerte de su hija en un accidente, un hecho que, según quienes la conocían, la había dejado en una situación emocional especialmente vulnerable. Vivía sola junto a su perro collie y se encontraba bajo tratamiento psiquiátrico.
A esa situación personal se le había sumado una creciente dificultad para sostener los gastos cotidianos. Su jubilación no alcanzaba para pagar simultáneamente comida, servicios y medicamentos. Estévez contó que un día le cortaban la luz y otro el gas, y que en la jornada previa al episodio tuvo que enviarle dinero mediante un remis para que pudiera alimentarse. También señaló que no era la única adulta mayor que se había acercado a su estudio diciendo que ya no podía afrontar sus gastos.
El problema económico también había comenzado a afectar su tratamiento de salud. De acuerdo con Estévez, la mujer había dejado de comprar de manera regular algunos de los medicamentos indicados por su psiquiatra porque no podía pagarlos, lo que habría agravado una situación de vulnerabilidad previa. El relato conocido muestra así una combinación de dificultades personales, económicas y de salud, sin que un suicidio pueda reducirse de manera responsable a una única causa.













