En medio de su lucha contra la ELA empresa bloquea los fondos de Esteban Bullrich
Esteban Bullrich no pudo acceder a su propia cuenta de Binance. No por un error de contraseña ni por un intento de fraude, sino porque el sistema biométrico que debía reconocerlo dejó de hacerlo como consecuencia de los cambios faciales derivados de la enfermedad que padece: ELA.
El dato no es menor. Y tampoco es anecdótico.
El primer damnificado es, claramente, Esteban Bullrich: una persona que, por una enfermedad grave y poco frecuente, queda frente a una barrera de acceso que el sistema no supo resolver.
Pero el caso deja algo más profundo: cuando una empresa de la envergadura de Binance permite que el acceso a una cuenta dependa de un mecanismo biométrico, debe prever qué ocurre cuando ese mecanismo no puede ser utilizado por razones médicas o de discapacidad.
El hecho de que la tecnología biométrica sea desarrollada por terceros -como ocurre con los sistemas de reconocimiento facial de Apple- no desplaza el problema. Quien decide convertir esa herramienta en una condición de acceso asume también el deber de prever sus límites y garantizar alternativas. Lo contrario implica trasladar al usuario las consecuencias de una decisión que no le pertenece.
Ahí está el punto central: la tecnología no necesariamente falló. Funcionó como fue pensada. Lo que falló fue la prevención.













